El mestizaje y el
Nuevo Mundo -. Arturo Uslar Pietri
Fragmento del libro En busca del Nuevo Mundo de
Arturo Uslar Pietri (1969). www.cervantesvirtual.com
(FRAGMENTOS)
Si algún pueblo hubiera podido permanecer
indefinidamente aislado y encerrado en su tierra original, hubiera quedado en
una suerte de prehistoria congelada. Fueron los grandes encuentros de pueblos
diferentes por los más variados motivos los que han ocasionado los cambios, los
avances creadores, los difíciles acomodamientos, las nuevas combinaciones, de
los cuales ha surgido el proceso histórico de todas las civilizaciones.
El inmediato resultado creador de esos encuentros fue el mestizaje
cultural. Convivieron en pugna, resistencia y sumisión, y mezclaron las
creencias, las lenguas, las visiones y las técnicas. El mestizaje penetró hasta
el Olimpo.
La historia del Occidente cristiano es la del más extraordinario y
aluvional experimento de mestizaje cultural. Las lenguas modernas son el
archivo viviente y el mejor testimonio de esa caótica mezcla. Occidente se
afirmó y creó su originalidad histórica sobre la empresa contradictoria de sus
grandes mestizadores de culturas y creencias.
La historia de España ofrece acaso la más completa y convincente muestra
del poder creador del mestizaje. Indígenas ibéricos, cartagineses, romanos,
godos, cristianos, francos, moros, judíos contribuyeron a crear la
extraordinaria personalidad de su alma compleja y poderosa.
Por un absurdo y antihistórico concepto de pureza, los hispanoamericanos
han tendido a mirar como una marca de inferioridad la condición de su
mestizaje.
Se miró al mestizaje como un indeseable rasgo de inferioridad. Se estaba
bajo la influencia de las ideas de superioridad racial, que empezaron a
aparecer en Europa desde el siglo XVIII y se afirmaron en el XIX con Gobineau,
que dieron nacimiento a toda aquella banal literatura sobre la supremacía de
los anglosajones y sobre la misión providencial y el fardo histórico del hombre
blanco encargado de civilizar, dirigir y encaminar a sus inferiores hermanos de
color. Se creó una especie de complejo de inferioridad y de pudor biológico
ante el hecho del mestizaje sanguíneo. Se quería ocultar la huella de la sangre
mezclada o hacerla olvidar ante los europeos, olvidándonos de que Europa era el
fruto de las más increíbles mescolanzas y de que el mestizaje de sangre podía
ser un efecto, pero estaba lejos de ser la única causa ni la única forma del
mestizaje cultural.
Es claro que en el hacer de América hubo
mestizaje sanguíneo, amplio y continuo. Se mezclaron los españoles y
portugueses con los indios y los negros. Esto tiene su innegable importancia
desde el punto de vista antropológico y muy favorables aspectos desde el punto
de vista político, pero el gran proceso creador del mestizaje americano no estuvo
ni puede estar limitado al mero mestizaje sanguíneo. El mestizaje sanguíneo
pudo ayudar a ello, en determinados tiempos y regiones, pero sería cerrar los
ojos a lo más fecundo y característico de la realidad histórica y cultural,
hablar del mestizaje americano como de un fenómeno racial limitado a ciertos
países, clases sociales o épocas.
Lo que vino a realizarse en América no fue ni la permanencia del mundo
indígena, ni la prolongación de Europa. Lo que ocurrió fue otra cosa y por eso
fue Nuevo Mundo desde el comienzo. El mestizaje comenzó de inmediato por la
lengua, por la cocina, por las costumbres. Entraron las nuevas palabras, los
nuevos alimentos, los nuevos usos.
En aquellas villas de Indias, en las que
dos viejas y ajenas formas de vida se ponían en difícil y oscuro contacto para
crear un nuevo hecho, nada queda intacto y todo sufre diversos grados de
alteración. A veces la Iglesia católica se alza sobre el templo indígena, las
técnicas y el tempodel trabajo artesanal y agrícola se alteran. Entran a los telares otras
manos y otros trasuntos de patrones. El habla se divierte del tiempo y la
ocasión de España se arremansa en una más lenta evolución que incorpora voces y
nombres que los indios habían puesto a las cosas de su tierra. El «vosotros» no
llega a sustituir al «vuestras mercedes». Nombres de pájaros, de frutas, de
fieras, de lugares entran en el torrente de la lengua. Los pintores, los
albañiles, los escultores y talladores introducen elementos espurios y maneras
no usuales en la factura de sus obras. Todo el llamado «barroco de Indias» no
es sino el reflejo de ese mestizaje cultural que se hace por flujo aluvional y
por lento acomodamiento en tres largos siglos.
Se combinaron
reminiscencias y rasgos del gótico, del románico y del plateresco, dentro de la
gran capacidad de absorción del barroco. El historiador de arte Pal Kelemen (Baroque
and Rococo in Latin América) ha podido afirmar:
Quienes observan la historia cultural de
la América hispana notan de inmediato ese rasgo de coexistencia simultánea de
herencias y de influencias que la distingue de la sucesión lineal de épocas y
escuelas que caracteriza al mundo occidental desde el fin de la Edad Media. Es
un crecer por accesión y por incorporación aluvional que le da ese carácter de
impureza que hace tan difícil clasificar con membretes de la preceptiva europea
monumentos, autores y épocas de la creación cultural latinoamericana. José
Moreno Villa (Lo mexicano) lo ha observado al estudiar el arte colonial
mexicano y ha dicho textualmente: «Las artes o modos
artísticos son aquí de aluvión, es decir, que no obedecen a un proceso interno
evolutivo como en Europa».
La verdad es que es un
proceso de formación que corresponde a un tiempo biológico distinto del que
alcanzó Europa después del Renacimiento, cuando su gran época de mestizaje
creador comenzaba a cerrarse. Unificada la herencia cultural europea comenzó un
tiempo de dominante evolución lineal interna, mientras que en América se abría
un nuevo tiempo caótico, de mestizaje.
Tan avasalladora es la vocación de
mestizaje y el fondo histórico del fenómeno cultural que se pone de manifiesto,
aun en aquellos casos en que los hombres de pensamiento pretenden reaccionar
intelectualmente contra la tradición y la herencia del pasado e instaurar un
nuevo rumbo. Nadie más abierta y desesperadamente que Sarmiento pretendió
europeizar, sajonizar o desnaturalizar el hecho americano; sin embargo, en
nadie es más visible que en él el aluvión de contrarias influencias de la
historia y las lecturas, del pasado y el presente. Facundo es
un libro maravillosamente impuro que no podía escribir sino el gran mestizo
cultural de su tiempo que era don Domingo Faustino. El culto por la democracia
sajona, por el racionalismo, por la civilización decimonónica europea va junto
con la admiración por el payador, por el rastreador, por el gaucho que parecía
el enemigo de la civilización y la encarnación de la barbarie y hasta por el
caudillo Quiroga, que recibe de sus manos el más fascinante retrato. Ésas eran
las que las gentes simples llamaban y todavía llaman las contradicciones de
Sarmiento y que no eran sino el reflejo, en aquella grande y abierta
sensibilidad creadora, del mestizaje vivo americano. Lo que él miraba en
Facundo, en el Chacho, en las gentes que lo rodeaban en Mendoza y en Cuyo, en
el gauchaje, no era ni podía ser barbarie, sino el estancado y mezclado resto
de la civilización que los españoles de los siglos XVII y XVIII intentaron
implantar en América. Ese rezago ya era impuro y mezclado. También la condición
de su ideal de civilización era inalcanzable: convertir en ciudadanos de la
Nueva Inglaterra o en discípulos de Guizot a los hijos de un proceso histórico
diferente, en marcha y peculiar. Sarmiento no era, ni podía ser, acaso
inconscientemente, sino un gran continuador de la fundamental empresa del
mestizaje americano. Lo que se proponía era abrir la entrada a nuevos afluentes
y nuevos aportes para enriquecer y universalizar más el caldo de creación del
Nuevo Mundo.
El aire barroco que mueve las frases de
Asturias y Carpentier está mezclado con elementos románticos, con sabiduría
surrealista y con la atracción por la magia de los pueblos primitivos. Un libro
como Los pasos perdidos o como El señor presidente refleja,
en el más mestizo lenguaje creador, el mestizaje original y profundo del Nuevo
Mundo. Jorge Luis Borges es el más refinado manipulador de la vocación y de los
elementos del mestizaje cultural. La torrencial voracidad transformadora y
caótica de Pablo Neruda tiene sus raíces y su razón en el poderoso fenómeno del
mestizaje americano.
No sólo hay una vocación
de superponer influencias y escuelas sino que, además, hay una deformadora
capacidad de asimilar y desnaturalizar las influencias, que no es otra cosa que
la avasallante consecuencia cultural del hecho americano.
La gran época creadora del mestizaje en
Europa ha terminado desde hace mucho tiempo. Los mitos de la superioridad
racial, del pasado histórico, de la pureza de la herencia nacional actuaron
como frenos y diques empobrecedores. Tal vez el romanticismo es la última
tentativa mayor por volver a descubrir la veta del mestizaje cultural. En las
artes plásticas, acaso los cubistas, con su importación de la escultura negra,
intentaron la aventura de sacar el arte de Occidente del camino de abstracción
y de pureza al que fatalmente iba a caer.
En cambio, la América
hispana es tal vez la única gran zona abierta en el mundo actual al proceso del
mestizaje cultural creador. En lugar de mirar esa característica extraordinaria
como una marca de atraso o de inferioridad, hay que considerarla como la más
afortunada y favorable circunstancia para que se afirme y extienda la vocación
de Nuevo Mundo que ha estado asociada desde el inicio al destino americano.
Es sobre la base de ese mestizaje fecundo y poderoso donde puede afirmarse
la personalidad de la América hispana, su originalidad y su tarea creadora. Con
todo lo que le llega del pasado y del presente, puede la América hispana
definir un nuevo tiempo, un nuevo rumbo y un nuevo lenguaje para la expresión
del hombre, sin forzar ni adulterar lo más constante y valioso de su ser
colectivo, que es su aptitud para el mestizaje viviente y creador.
No sólo hay una vocación de superponer influencias y escuelas sino que, además, hay una deformadora capacidad de asimilar y desnaturalizar las influencias, que no es otra cosa que la avasallante consecuencia cultural del hecho americano. ME ENCANTÓ
ResponderEliminarY pienso en la globalización,que trae un mestizaje mucho más rápido y enorme. Fascinante! Querría vivir 1000 años para ver el resultado, los cambios
Si, concuerdo , la globalizacion es un fenomeno que achico las distancias,acelero los intercambios de todo tipo. Ya podemos ver consecuencias de ello
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