jueves, 30 de julio de 2020

FRAGMENTO DE "EL OLOR DE LA GUAYABA"


EL OLOR DE LA GUAYABA (Pag 32 – 33)
(Sobre "el sabio catalán")

Ciudad extensa e industrial, que ha crecido desordenadamente en medio del polvo y el calor en la desembocadura del río Magdalena, Barranquilla no tiene el encanto de Cartagena; ni el espejo azul de la bahía, ni murallas, ni faroles, ni balcones antiguos, ni fantasmas de marquesas, piratas e inquisidores en penumbrosas casas coloniales.
Es una ciudad de aluvión, franca y acogedora, que ha recibido gente de todos los lugares. Franceses evadidos de Cayena que siguieron en su fuga la misma ruta de Papillon; pilotos alemanes derrotados en la Primera Guerra Mundial; judíos escapados de las persecuciones nazis; emigrantes de Italia meridional, sirio-libaneses y jordanos, llegados nadie sabe cómo, una, dos o tres generaciones atrás, fueron fundadores de familias hoy respetables de la ciudad. Exceptuando el fulgurante paréntesis de un carnaval que una vez por año arroja a las calles carrozas llenas de flores y muchachas, y ruidosas comparsas vestidas con flamantes trajes de raso, es en
la industria y el comercio donde la gente quema habitualmente sus energías. En aquel mundo de actividades mercantiles y diversiones fáciles, las vocaciones literarias o artísticas están condenadas a una alucinada marginalidad. Allí, más que en cualquier otra parte, escritores y pintores son los anticuerpos del organismo social. Pero, extraña paradoja, quizás por esa misma desesperada situación marginal, los artistas surgen de Barranquilla con más fuerza que en Bogotá, una ciudad que desde la Colonia tiene arrogantes pretensiones culturales.
Aquel grupo de juerguistas desaforados, mordidos por la literatura, que Gabriel encontró en Barranquilla en la proximidad de los años cincuenta, es hoy estudiado muy seriamente en universidades de Europa y de los Estados Unidos, por especialistas de la literatura latinoamericana. Para ellos, García Márquez surge de esta pintoresca familia literaria, llamada «el Grupo de Barranquilla».
Sea válida o no esta filiación tan estricta, lo cierto es que el grupo aquel era uno de los más inquietos y mejor informados del continente. Resultó decisivo en la  formación de García Márquez. Compuesto por muchachos muy jóvenes, bebedores, exuberantes, irrespetuosos, típicamente caribes y pintorescos como personajes de
Pagnol, no se tomaba en serio a sí mismo. Sólidos amigos entre sí, leían mucho en aquel momento (a Joyce, a Virginia Woolf, a Steinbeck, Caldwell, Dos Passos, Hemingway, Sherwood Anderson, Teodoro Dreiser y al «viejo», como llamaban a Faulkner, su pasión común). Muy a menudo amanecían bebiendo y hablando de
literatura en burdeles mitológicos, llenos de pájaros, de plantas y de muchachitas asustadas que se acostaban por hambre, tal como han quedado descritos en Cien años de soledad.
«Aquella fue para mí una época de deslumbramiento —recuerda hoy García Márquez—. De descubrimientos también, no sólo de la literatura sino también de la vida. Nos emborrachábamos hasta el amanecer hablando de literatura. Cada noche aparecían en la conversación por lo menos diez libros que yo no había leído. Y al día
siguiente, ellos (sus amigos del grupo) me los prestaban. Los tenían todos… Además, había un amigo librero a quien le ayudábamos a hacer los pedidos. Cada vez que llegaba una caja de libros de Buenos Aires, hacíamos fiesta. Eran los libros de Sudamericana, de Losada, de Sur, aquellas casas magníficas que traducían los amigos
de Borges».
El tutor literario del grupo era don Ramón Vinyes, exiliado catalán, ya mayor, que había llegado años atrás a Barranquilla, desalojado de su tierra natal por la derrota republicana y de París por la llegada de los nazis. Don Ramón, que tenía por la literatura el mismo respeto que un militar por las armas, puso orden en aquel desafuero de lecturas. Dejaba que Gabriel y sus amigos se internaran fascinados en las novelas de Faulkner o se extraviaran en las encrucijadas abiertas por Joyce, pero de tiempo en tiempo los llamaba al orden recordándoles a Homero.
Muchos años después, Gabriel pagaría su deuda con el viejo Vinyes, que iría a morir a Barcelona devorado por la nostalgia de Macondo: es el sabio catalán de Cien años de soledad. En realidad, el Macondo de las últimas páginas del libro, no es ya Aracataca, sino Barranquilla, la de aquellos tiempos.

domingo, 12 de julio de 2020


FRAGMENTOS DE "EL OLOR DE LA GUAYABA"


Gabriel García Márquez y Plinio Apuleyo Mendoza
El olor de la guayaba; Conversaciones con Plinio Apuleyo Mendoza


Pagina 13
Siempre creí que el coronel Aureliano Buendía se parecía a tu abuelo…
—No, el coronel Aureliano Buendía es el personaje opuesto a la imagen que yo
tengo de mi abuelo. Este era rechoncho y sanguíneo, y era además el comilón más
voraz que recuerde y el fornicador más desaforado, según supe mucho más tarde. El
coronel Buendía, en cambio, no sólo responde más bien a la estampa huesuda del
general Rafael Uribe Uribe, sino que tiene su misma tendencia a la austeridad. Nunca
vi a Uribe Uribe, por supuesto, pero mi abuela contaba que antes de mi nacimiento
pasó por Aracataca y estuvo en la oficina de mi abuelo con otros veteranos de sus
guerras, tomando cerveza. La visión que mi abuela tenía de él, es igual a la
descripción que hizo Adelaida, la esposa del coronel de La hojarasca, cuando vio por
primera vez al médico francés, y quien, según ella misma lo dice en la novela, se le
pareció a un militar. No está dicho, pero en mi fuero interno yo sé que ella creía que
era el general Uribe Uribe.
……………
Página 25
Antes de escribir una novela ¿sabes con exactitud lo que va a ocurrirle a cada
uno de tus personajes?
—Sólo de una manera general. En el curso del libro ocurren cosas imprevisibles.
La primera idea que tuve del coronel Aureliano Buendía es que se trataba de un
veterano de nuestras guerras civiles que moría orinando debajo de un árbol.

Mercedes me contó que sufriste mucho cuando se murió.
—Sí, yo sabía que en un momento dado tenía que matarlo, y no me atrevía. El
coronel estaba viejo ya, haciendo sus pescaditos de oro. Y una tarde pensé: «¡Ahora
sí se jodió!». Tenía que matarlo. Cuando terminé el capítulo, subí temblando al
segundo piso de la casa donde estaba Mercedes. Supo lo que había ocurrido cuando
me vio la cara. «Ya se murió el coronel», dijo. Me acosté en la cama y duré llorando
dos horas.

miércoles, 8 de julio de 2020

PEDRO NAVAJA


CUANDO GABO QUISO ESCRIBIR “PEDRO NAVAJA”

Desde que el cantautor panameño Rubén Blades triunfara en la escena internacional, son varios los escritores que han expresado su admiración por la calidad literaria en su obra. En su libro “Vínculos. Apuntes con Rubén Blades” (Leer-e, España 2013), el autor venezolano Edgar Borges recuerda una declaración que el Nobel colombiano Gabriel García Márquez le dio a la revista Proceso, en el año 1982: “Nada me hubiera gustado en este mundo como haber podido escribir la historia hermosa y terrible de Pedro Navaja”.
 Portada libro  Vínculos. Apuntes con Rubén Blades,  de Edgar Borges. (1)La admiración que se profesan Gabriel García Márquez y Rubén Blades viene de lejos. El panameño ha expresado en varias ocasiones lo mucho que ha influido en su música la obra del colombiano. En el año 1987 Blades cristaliza su admiración produciendo un disco en homenaje a los relatos de García Márquez; la obra se tituló “Agua de luna”, de la cual se desprendió el tema “Ojos de perro azul”, como el titulo del relato del hijo ilustre de Aracataca. En el libro “Vínculos”, el creador de “Buscando América” le cuenta a Edgar Borges detalles sobre su acercamiento a la literatura del Gabo y a su persona: “Lo primero que leí de él fue su trabajo periodístico. Creo que “Relato de un naufrago” es de lo mejor que ha hecho en su vida…Nos conectó un amigo mutuo, por teléfono, él en Colombia y yo en Nueva York. No hablamos mucho esa vez porque creo que los dos consideramos que el amigo mutuo estaba jodiendo la paciencia y que no era Gabriel el que hablaba para mi, ni yo para Gabriel era Rubén”.
En su libro “Vínculos. Apuntes con Rubén Blades”, Edgar Borges relata cómo la obra del Gabo influenció en dos tiempos distintos tanto la música de Blades como su literatura. En este vínculo de influencias, el Gabo y Blades han representado dos de las referencias artísticas más importantes para varias generaciones de lectores y de melómanos. En el caso de Blades, quien será el homenajeado en el Foro del Cervantes, son varios los escritores internacionales que han manifestado su admiración por su producción musical. Otro Premio Nobel, el peruano Mario Vargas Llosa, considera que “Rubén Blades tiene una gran noción intelectual y cultura literaria de su trabajo. En su música, además de expresar alegría, refleja un mundo que él siente suyo. Me parece un estupendo ejemplo de lo que puede ser un artista y un creador”; mientras el filósofo español Vicente Huici sostiene que “las canciones del panameño se convierten en una llamada a salir a la calle, a mirar directamente a las personas, a compartir con ellas sus ilusiones, su felicidad y sus fracasos”. Por su parte, el recordado mexicano Carlos Fuentes señaló que “las canciones de Blades son cuentos cortos”.
Edgar Borges, el autor del libro de apuntes que en un recorrido de encuentros y testimonios celebra el aporte literario de la obra de Blades y que compartirá Foro con el cantautor panameño, es uno de los escritores latinoamericanos más seguidos de las últimas generaciones. En su haber cuenta con varios premios internacionales y novelas como “¿Quién mató a mi madre”; “La contemplación”; “El hombre no mediático que leía a Peter Handke”. Parte de su obra ha sido traducida al italiano y al inglés. Su búsqueda de la ficción como espacio para generar nuevas realidades, ha sido destacada por autores como Enrique Vila-Matas; Antonio Gómez Rufo; Andreu Martín; Vicente Luis Mora;  Paola Gorla; Sergio Brancato y Gianfranco Pecchinenda.
Fuente: NP

lunes, 6 de julio de 2020

Bogotá, Colombia.- Mujeres con flores en mano y la mirada perdida, gallos luchando y una pareja abrazada, las coloridas escenas visten las paredes de la Biblioteca Nacional de Colombia, que rinde homenaje a “Cien años de soledad” en ocasión de su medio siglo de publicación.

La obra cumbre del nobel colombiano Gabriel García Márquez, publicada el 30 de mayo de 1967, ahora está retratada en tres murales del colombiano Óscar González, conocido como “Guache”, y del estadounidense Andrew Pisacane, “Gaia”, en los pasillos de la sede central de la biblioteca, en una iniciativa llamada “Diálogos convergentes”.

“Cada uno toca los aspectos más de arquetipo representados en la novela: el guerrero, la matrona, el tabú del amor, la violencia ligada a la historia de Colombia”, dijo a la AFP “Guache”, un diseñador gráfico de 36 años que desde hace más de una década se dedica al arte urbano.
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 El tríptico llamado “Espejismos de modernidad” aborda facetas que los artistas consideran representativas de la novela de García Márquez, fallecido en abril de 2014 y reconocido por crear con su pluma el mundo del realismo mágico con elementos como las mujeres, la guerra, el amor y la muerte.

“Cada muro explica un distinto tipo de dilema o, si se quiere, de problema nacional, por supuesto teniendo como base la condición humana”, sostuvo “Gaia”, un neoyorquino de 28 años dedicado también hace una década al arte callejero
[15:38, 6/7/2020] Anaofelia: A la historia de la familia Buendía, a la que “Guache” y “Gaia” reinterpretaron y trasladaron al siglo XXI, ambos muralistas le agregaron un ingrediente personal: la soledad contemporánea expresada a partir de las nuevas tecnologías.

“Es una lectura muy literal del libro. Lo único que definitivamente creo que es un aporte nuestro son los elementos que crean soledad en la sociedad contemporánea”, explicó “Gaia

¿NO HAY OTRO LUGAR DONDE PODAMOS ENCONTRARNOS?

  E ra una fría mañana gris y el aire era como el humo. En esta inversión de los elementos que se produce a veces, el cielo gris, suave y ap...